Medicina natural
- 3 mar 2017
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Estamos en un momento crítico y desconcertante, en que se hallan puestos en revisión todos nuestros valores culturales y morales (ciencia, arte, religión, sociología) y entre ellos, con especial interés, los grandes problemas de la salud.
Se ha dicho con razón que el cáncer y los infartos del corazón son las afecciones propias de nuestra civilización. A esto hemos de añadir la frecuencia con que también se producen en la actualidad ciertas enfermedades crónicas como la diabetes, la nefritis, la hepatitis y los trastornos del tubo digestivo.
Todos estos males tienen indudablemente causas fisicoquímicas, pero en su fondo hay una raíz psicológica, producto de las tensiones, pretensiones, y preocupaciones de la vida actual que nos obliga a la lucha, la competición y el trabajo forzado, y, por consiguiente, a la prisa para "no perder tiempo" y que se nos pongan otros por delante.
La prisa, como dice nuestro amigo y gran filósofo Pedro Caba, "es indecente". Sí; es indecente porque quita a la vida humana su contenido contemplativo y espiritual, y esto inutiliza nuestros mejores y más íntimos valores del alma. El hombre que tiene prisa, porque le acucia la necesidad de resolver su problema vital inmediato, no tiene tiempo de meditar; y esto es una catástrofe para todo ser humano.
La filosofía naturista no solamente trata de darnos una solución a los problemas de la salud y de la enfermedad, sino que ha de procuramos el cauce necesario para las manifestaciones del espíritu que, a la postre, son las genuinamente humanas.
Un cuerpo más sano y fuerte que el nuestro (dentro de su especie) lo tiene cualquier animal, porque vive de acuerdo con su ley natural. Los naturistas queremos también vivir con arreglo a las leyes naturales, pero en la práctica nos dejamos arrastrar por la vorágine de la vida culta de nuestros tiempos, y esto nos predispone a fracasar en nuestros propósito. La prisa, la falta de calma, la tensión y la ambición, nos desplazan, sin querer, del ámbito ideal creado por nuestras aspiraciones naturistas.
La mayor parte de los naturistas no saben colocar su mente en actitud de calma entre la inquietud de la vida civilizada de nuestras ciudades modernas. Ya es el hecho de adelantar al que va a nuestro lado para tomar el billete del "metro" o subir al autobús; ya sea correr para ganar diez segundos en la cola de certificados de correos; ya sea -y esto es peor- adelantar con nuestro automóvil al que va delante para llegar al mismo sitio cinco minutos antes..., etc. Todo este constante pugilato y competición, totalmente inútil, para la ganancia de tiempo, contrasta desdichadamente con los distintos modos de "perder el tiempo" en cafeterías, tertulias, televisión..., etcétera. El resultado de esta actitud constante de "pretensiones" y "deseos", es fatal para el cuerpo y para el alma.
Bastaría esto para tratar de adoptar un modo de vida más humano (menos pretencioso) si no hubiese que añadir la acción continua de las variadas intoxicaciones y carencias que suponen la contaminación atmosférica y de las aguas, el empleo de abonos fertilizantes y desinfectantes tóxicos; la recolección de los alimentos sin madurar y su conservación en frigoríficos, latas o envases; el uso y abuso del alcohol, el té, el café y el tabaco, sin excluir el de las carnes tóxicas, como la de cerdo, mariscos, crustáceos, etcétera.
( Dr Eduardo Alfonso1939)

























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